Un día glorioso para el mundo animal. El maldito desgraciado de Steve Irwin tuvo un final merecido. Como todos sabemos que la justicia tarda pero llega. Y esta vez su instrumento fue nada menos que El látigo de la Raya.
Por todos es sabido que las Rayas son animales pacíficos y amistosos. Según Tito Rodríguez, director y jefe de instructores del Instituto Argentino de Buceo, es una obviedad que: "cuando uno se acerca a una raya, nunca hay que dejar el pecho sobre la cola, porque queda expuesto a que el animal intente defenderse. Lo que ocurrió con Irwin demuestra que no sabía nada de rayas".
Guillermo Cañete, licenciado en ecología y coordinador del Programa Marino de la Fundación Vida Silvestre, también confirma la estupidez de Irwin que "no podemos decir que las rayas no son peligrosas, sino que sólo hay que tener cuidado. Si uno se acerca mucho, se expone al área de influencia de esos animales, como ocurre con todos. En este caso, Irwin se acercó demasiado".
"Es muy probable que el animal estuviera dormido y que él se haya acercado por atrás para agarrarse de las aletas y que la raya se haya defendido para huir. Son sumamente pacíficas, pero ninguna se deja agarrar."
¿Alguien tiene dudas de que Steve Irwin era un imbécil?
La raya es un animalito que nació para ser libre y lo tiene clarísimo. Ningún Steve Irwin la va a convencer de lo contrario. Y tampoco ningún Steve Irwin la va a obligar a vivir en cautiverio. El bichito es capaz de matar por su libertad. ¿Quién puede negar que mató en defensa propia? Pero no importa. No se perdió nada. Por el contrario se ganó muchísimo. Steve Irwin ya no va a molestar más a los animales. Steve Irwin ya no va a perturbar más su tranquilidad. Steve Irwin ya no va a torturarlos más con sus malditas cámaras. Steve Irwin ya no va a exponerlos más a la vista de millones de personas. Steve Irwin ya no va a encerrar cocodrilos y serpientes en piscinas y, para colmo, obligarlos a bañarse con él. No olvidemos que el desgraciado lo hacía por fama y dinero. Evidentemente estaba loco, porque nadie en su sano juicio puede meter un bebé en la boca de un cocodrilo. Y evidentemente era un reverendo pelotudo porque si no no hubiera terminado su vida de una forma tan ridícula: clavado por una Raya.
¡Dale, andá ahora a cazar cocodrilos Steve Irwin!
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